Escobar, tierra de narcos

Al parecer, los narcotraficantes asocian el nombre del colombiano Pablo Escobar Gaviria con el de este distrito, o al menos los seduce.

Coincidencia o no, la transformación del partido de Escobar en una suerte de “Little Medellín” es una realidad que se puede palpar en varias de las localidades del distrito.

Ya en los ´90, Guillermo Patricio Kelly, en su programa televisivo “Sin Concesiones”, denunciaba públicamente al matheuense “Gordo” Frattini de tener vínculos con el narcotráfico, pero ese solo era el anuncio de lo que estaba por venir.

En 2008, Mario Segovia, el “Rey de la efedrina”, puso a Ingeniero Maschwitz en el intrincado mapa del narcotráfico con un laboratorio clandestino que fue considerado como el más importante en toda América Latina, desde donde se producía efedrina (la sustancia básica para la fabricación de metanfetaminas) para abastecer a los principales cárteles mexicanos.

Para aquel entonces, lo ocurrido en Ingeniero Maschwitz se suponía que era un hecho aislado, a pesar de que la quinta quedó vinculada con la famosa “ruta de la efedrina” que se cobró la vida de Forza, Ferrón y Bina en “el triple crimen de Gral. Rodríguez”. Sin embargo, desde 2008, el narcotráfico en el partido de Escobar no hizo otra cosa que crecer y a consolidarse en muchos barrios escobarenses.

En los últimos años, el combate al tráfico de estupefacientes se redujo a la detención de “perejiles distraídos” paseando alguna plantita de marihuana por la calle para consumo personal, mientras los grandes cargamentos de drogas siguieron circulando sin problema.

Hace un par de meses atrás, una alta funcionaria del Poder Judicial del departamento Zárate Campana, llegó a calificar al barrio Lambare de Ingeniero Maschwitz como “una de las zonas del Gran Buenos Aires más complicadas por el narcotráfico”. La funcionaria lo confesó ante vecinos autoconvocados por la inseguridad de Maschwitz.

Efectivamente, esa barriada maschwitense es rehén de varias bandas narco que se disputan a los tiros el territorio para la comercialización de drogas.

Sin ir muy lejos en el tiempo, hace algunas semanas atrás, un joven que respondía a una de estas bandas, fue asesinado por el líder de la que pretende someter bajo su poder al barrio.

Otros vecindarios de Garín (de los considerados como conflictivos) también siguen ese camino, y la policía local se muestra como impotente ante esta escalada que trae aparejados hechos de inusitada violencia.

A mediados del mes junio de este año, con una diferencia de 48 horas, en dos allanamientos se “reventaron” dos cocinas de cocaína en dos dos quintas del coqueto barrio El cazador de Belén de Escobar. No fue una investigación de la policía local, sino una operación de la Delegación de Drogas Ilícitas de Lomas de Zamora de la policía bonaerense. Lo curioso del caso es que una de las fincas allanadas se encuentra a pocos metros de una dependencia policial.

Aquellos “exitosos” procedimientos, con los que el propio Gobernador de la Provincia, Daniel Scioli, quiso demostrar que su gestión está comprometida para “desterrar este flagelo”, lejos de traer tranquilidad al vecino común, alimentó las sospechas sobre crecimiento del narcotráfico en el partido de Escobar que, al parecer, no tiene techo.

Ayer fueron mexicanos, junto a socios argentinos, hoy son colombianos los que se hacen respetar por estas tierras con las mismas modalidades que acuñó Pablo Escobar en Medellín, aunque con algunas mejoras en su imagen.

Hoy en día no resulta insólito al oído escobarense la tonada colombiana.

Los vendedores de origen africano de la estación de trenes de Escobar, o los brasileños que trabajan como contratistas en las obras de Aysa, tienen justificada su presencia por estas tierras, pero a los colombianos que a diario se los ve en confiterías del centro de Escobar no se les conoce actividad alguna, aunque algunos de ellos se hacen llamar empresarios.

Los narcos no viven en Escobar, ellos eligen para vivir con sus familias lugares como Nordelta que para ellos se asemeja a Miami, y comen en selectos restaurantes de Pilar, pero los negocios y sus fiestas las hacen en Escobar.

Hace solo dos días, el narcotraficante más buscado en el mundo, el colombiano Henry de Jesús López Londoño, apodado como “Mi Sangre”, fue detenido en una tradicional y selecta tractoría céntrica del vecino distrito de Pilar cuando se disponía cenar junto a su familia.

¿Qué tiene que ver con Escobar este hecho? Entre los muchos detalles que se dieron a conocer en las últimas horas sobre el estilo de vida de “Mi Sangre”, surgió un sugestivo dato: López Londoño habría organizado costosas fiestas en un predio de Escobar, de las que participaban hombres de su confianza y modelos argentinas, según contó una alta fuente de la causa, sin mayores precisiones.

Años atrás, un cartel que decía “Municipio hostil a la droga” daba la bienvenida a quienes visitaban a Escobar. Un mensaje fortalecido por la presencia de un viejo tanque de guerra apostado en el acceso de la panamericana. La actual gestión comunal decidió retirar ese cartel y al tanque, y en su lugar puso otro cartel con un slogan que da para un sin fin de interpretaciones: “Escobar es más que nunca”.

A la luz de los hechos, por falta de decisión política, por complicidad, o por simple inoperancia, el narcotráfico llegó a Escobar para quedarse, y si para que se logre detener a Mi Sangre, tuvo que hacerse un impass en la última reunión del G-20 donde los mandatarios de Colombia y Argentina coordinaron sus acciones para poner a Londoño tras las rejas , es fácil deducir que narcos de menor peso no tendrán inconvenientes para seguir elaborando y distribuyendo drogas en y desde el distrito de Escobar.

Pablo Aiello, Director de escobarnews.com