Domingo, 27 de marzo de 2011



"Reflexiones a 35 años del golpe militar"

Sr. Director:
Empresarios, banqueros y poderosos nacionales e internacionales echaron mano a la brutalidad para apagar la conciencia colectiva que se había ido reconstruyendo a partir de las jornadas del Cordobazo en 1969. La brutal dictadura militar que padecimos tiene orígenes profundamente materiales: Los económicos.

A principios de los ’70 la clase trabajadora argentina había conseguido, por medio de las luchas, elevar la participación del salario a casi la mitad del producto bruto interno, y eso hizo que aumentara el ingreso promedio per cápita del país, y cayeran abruptamente los niveles de desocupación y que aumentara considerable de la demanda en el mercado interno.

Eso no sucedía solamente en Argentina sino además en América Latina y el mundo. La revolución cubana había sido un cachetazo irreverente al imperialismo yanqui en las puertas de su propia casa. Los trabajadores latinoamericanos vieron en esa revolución la dimensión de sus propias fuerzas de clase respecto de la burguesía y comprendieron que no solo podían luchar para resistir y conquistar derechos, sino además para conquistar el poder.

Esos dos factores tenían enormemente preocupados a los patrones y sobre todo a los imperialistas yanquis. Los trabajadores argentinos y latinoamericanos no solo habían conseguido enormes conquistas, sino que además la conciencia de clase que estaban adquiriendo se estaba tornando “peligrosa” para sus intereses económicos.

Decidieron entonces que era el momento de combatir, desmoralizar y derrotar a los trabajadores organizados para preservar la rentabilidad de sus negocios en la región. Por eso primero entrenaron a los milicos en Centroamérica en las tácticas de tortura y guerra psicológica.

Los grandes patronales locales, sobre todo las vinculadas al campo, prepararon entonces la estrategia político-económica para recuperar el terreno perdido a manos de los trabajadores organizados. De allí surgieron los planes económicos de Martínez de Hoz que arrasaron con las pequeñas y medianas empresas, liberalizaron y “abrieron” la economía devastando la incipiente industria nacional y dejando millones de desocupados en las calles. A eso por supuesto, le siguió la caída abrupta de los salarios y las conquistas sociales de la clase trabajadora.

Son burdas patrañas de supuestos “pensadores” y de inefables opinólogos que adjudican a la dictadura militar un carácter exclusivamente ideológico. La verdad es que el origen de la dictadura es puramente económico y material.

Las patronales y los yanquis la pensaron, la prepararon, la organizaron y dieron las órdenes para ejecutarla.

El ejército argentino no asaltó el poder para cumplir ninguna “misión histórica” combatiendo la “sanguinaria guerrilla marxista” como decía, sino que daba cumplimiento a las órdenes de los yanquis y las patronales. Para los yanquis eso era enormemente conveniente pues les ahorraba de tener que invadir con sus propias tropas, cosa que hubiera hecho que se ganaran el repudio de las masas, generando el efecto contrario al buscado.

Por su “labor” los milicos no pueden definirse más que como una banda de cobardes traidores que invadieron y masacraron su propio país. Fueron una banda de delincuentes, de mercenarios a las órdenes de los yanquis, la Sociedad Rural, y las grandes patronales.

Decir que la dictadura tuvo un carácter meramente ideológico es atribuirle a los milicos cierto grado de pensamiento propio y de capacidad de abstracción, y eso es como un poco demasiado. Miremos sino el caso de nuestro conocido Luis A. Patti.

Los que somos “viejos” en Escobar sabemos que este hombre “trabajaba” para los empresarios y patrones de la zona. Testimonios de los juicios a los milicos lo identifican como la persona encargada de apretar a los delegados y activistas de distintas empresas de la zona norte. Inclusive se habría encargado de confeccionar las listas de delegados y trabajadores “zurdos” de empresas como Ford, ASTARSA, etc. que luego entregaba a la jefatura del comando regional para que los secuestraran, torturaran y asesinaran. Es por esa labor de buchón entregador y asesino mercenario que otro criminal, Ramón Camps, lo asciende y promueve ¡Vaya “misión histórica” la de estos hombres!

Son puras mentiras, también, lo del combate de la guerrilla pues cuando dieron el golpe las organizaciones guerrilleras estaban casi completamente desarticuladas y varias de ellas habían dejado de funcionar hacía rato. Por otra parte el objetivo de la mayoría de esas organizaciones no era instaurar el socialismo y el gobierno de los trabajadores, como decían los milicos.

Montoneros, por ejemplo, no se declaraban socialistas sino “peronistas”, y con el correr del tiempo tuvieron oportunidad de demostrarlo aportando cuadros a los sucesivos gobiernos de ese signo político.

Que la organización guerrillera más grande no tuviera por objetivo el socialismo y el gobierno obrero no significa que no hubiera trabajadores y jóvenes que no soñaran y lucharan por cambiar esta sociedad y por terminar con la explotación del hombre por el hombre.

Al contrario, como decía antes, la lucha obrera de los ‘70 había reconstruido la conciencia de clase y había gestado la idea en los jóvenes de una sociedad gobernada por quienes producían las riquezas: Los trabajadores.

Y ese fue el otro objetivo de los mercenarios: Acabar con esas ideas e inclusive acabar físicamente con quienes las pensaban. Así, no dudaron en masacrar a los mejores, a los más tenaces y solidarios. Se llevaron, como se suele decir, prácticamente a una generación.

De todas maneras, ni esa masacre ni todas las anteriores alcanzaron para apagar los deseos de los trabajadores por liberarse de la opresión y luchar por una sociedad sin explotadores. Cerraron una etapa, alargaron los tiempos, aplazaron procesos, pero de ninguna manera pudieron, ni podrán, detener la historia de la humanidad que, como decía Marx, no es otra que la historia de la lucha de clases.

Por eso es que a pesar del odio y la brutalidad con que los mercenarios golpearon al pueblo, la realidad demuestra que “no nos han derrotado” ni mucho menos. A partir de las luchas del 19 y 20 de diciembre de 2001 los trabajadores salimos nuevamente en forma decidida a recuperar el terreno perdido desde aquel oscuro 24 de marzo del ’76 pasando por el menemismo de los ’90.

Debemos saber interpretar que conquistas importantes como la asignación universal por hijo son el producto de decenas de movilizaciones multitudinarias, muchas de ellas reprimidas ferozmente, y no de la bondad de algún gobierno. Lo mismo vale para la reestatización del sistema jubilatorio, de Aerolíneas, e inclusive de los juicios a los milicos. Y si hoy hay reactivación económica y ha bajado la desocupación es porque así lo quisimos los trabajadores desde aquellas jornadas de 2001. Lo hemos conseguido a fuerza de luchas y no fue graciosa concesión de nadie. Y si es que faltan cosas por conseguir como la democratización de nuestras organizaciones sindicales, la eliminación de la pobreza, la reforma agraria, para que la tierra sea de quien desee trabajarla, o para que todo habitante de este suelo tenga una vivienda propia, las conseguiremos también a fuerza de lucha.

Las luchas por conquistar esos derechos parecen ser nuestro inexorable (y glorioso) destino. Lo sabemos por conciencia propia y porque los mismos poderes que instauraron la dictadura en el ’76 se encargan ahora de advertirlo, como hizo en el día de ayer el dirigente rural Mario Llambías, quien el 19 de marzo pasado en un acto del “Campo” en la ciudad de Junín dijo: “hay muchos que quieren remplazar nuestra bandera nacional por un sucio trapo rojo”, “muchas oportunidades no nos quedan para hacerle entender a la gente” exactamente las mismas palabras de la misma patronal que en el ’76 implantara la dictadura en nuestro país.

Llambías, y todos los explotadores, saben que tal vez más temprano que tarde un día triunfaremos y gobernaremos los trabajadores y que lo haremos vivir a él y a toda su clase parásita de su propio salario y de su propio trabajo ¡Eso es lo que los aterroriza al punto tal de implorar la muerte a gritos!

Queremos, humildemente, homenajear a aquellos compañeros que dieron su vida luchando por una sociedad más justa, por un mundo mejor.

Queremos homenajear a los 30.000 compañeros detenidos por los cobardes mercenarios y “desaparecidos” hasta el día de hoy.

¡30.000 compañeros detenidos-desaparecidos PRESENTES!
¡Ahora y SIEMPRE!

 Agrupación Almafuerte
 




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