Era una ninfa

Todo sucedía en el Monte de Sicilia, Terencia, en una ocasión especial, una exuberante fiesta que habían organizada para complacer a Dionisio.

Las ninfas que lo habíamos cuidado de niño estábamos invitadas. Las cinco lo amábamos, pero él tenía un amorío con Erato, la musa de la poesía erótica. Se amaban. Yo los observaba, mientras ella, con sus rubios cabellos tocándole los hombros, bebía de su copa y él reía, de esa forma tan graciosa, brillándole los ojos.

Todos eran testigos de ese bello romance. Principalmente, yo que sentía que mi corazón iba alocadamente a la agonía. ¿Cómo podía ser que él se fijara en ella y no en mí? Era muy angustioso ¡Qué desilusión!

Entonces fue cuando los latidos comenzaron a ser más; muy fuertes, tan fuerte como una estampida de animales. De repente, ese sonido se distorsionó, sentía miedo, porque se iba transformando… ring, ring, ring… ¡no lo reconocía! Inmediatamente, sentí como una pegajosa saliva manchaba todo mi rostro y entonces grité espantada ¿qué sucede?

 El despertador sonaba sin cesar y un poco atontada descubrí que Bob, mi cachorrito, había destrozado mis libros de Mitología griega… ¡Estoy perdida! ¡La profe me mata!

 

Autora: Delia Codina

 

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