COLUMNA DE
OPINION
La informalidad,
los autos y la
inseguridad
Sábado, 11 de
septiembre de
2010
La
inseguridad
aparece como una
prioridad para
la mayoría de
los argentinos
según rezan
todas las
encuestas y a su
vez, las medidas
que se toman en
materia de
políticas
públicas suelen
estar dictadas
por la necesidad
de responder en
forma repentina
a algún hecho
violento. En
general esta
situación viene
acompañada con
una mayor
demanda de
seguridad
expresada en
marchas de
ciudadanos
autoconvocados o
bien en
expresiones de
bronca e
impotencia de
parte de los
deudos de las
victimas de
algún hecho
delictivo.
Entonces
aparecen los
posicionamientos
reduccionistas,
entre los que
buscan
soluciones
inmediatas por
medio de la
denominada mano
dura y los que
plantean
soluciones de
largo plazo por
medio del
incentivo a la
prevención y el
cumplimiento de
derechos,
denominados “garantistas”.
Y así la
discusión
siempre se
empantana.
En ambos casos
la inseguridad
aparece como un
problema que se
soluciona o
combate en el
marco de la
legislación o el
derecho. Pero en
ambos casos
nunca aparece
una explicación
sobre el origen
de la
inseguridad o
del delito.
Los que
requieren
soluciones
inmediatas
adjudican el
problema a la
incompetencia de
las leyes, pero
no dan cuenta de
que hacer para
prevenirla, a lo
sumo ofrecen
respuestas para
el después del
suceso. En el
caso de los que
buscan
soluciones de
mediano plazo
desde la
prevención, no
pueden explicar
el motor del
delito. Aunque
muchas veces
intentan
justificarla en
la desigualdad y
la pobreza, lo
cual
significaría que
las personas
roban por ser
pobres.
Tal vez cuenten
con argumentos y
razones
suficientes
ambas posiciones
para argumentar
sus posiciones,
pero siempre
falta la
explicación
integral que
explique porque
existe la
denominada
inseguridad y
que a pesar de
la dureza de las
leyes las
personas se vean
expuestas a
cometer un
delito.
La inseguridad
entendida como
lo que viven las
victimas del
robo, en este
caso nos
abocamos solo a
ella, tiene una
explicación que
excede a la
cuestión de las
leyes o de la
cuestión social
de la
desigualdad.
Digámoslo con
claridad: si se
roban autos es
porque alguien
compra sus
partes
desguazadas, si
se roban vacas
en el campo es
porque luego
alguien las
compra y si
existen “los
piratas del
asfalto” es
porque los
productos allí
robados luego
son vueltos al
mercado, por
tomar algunos
ejemplos.
La inseguridad
debe ser
comprendida como
el fruto de una
economía de
mercado paralela
que genera
fuentes de
trabajo, redes
de ayuda mutua y
basa su
sustentabilidad
en la
precariedad en
la que viven
millones de
personas
honestas que
demandan bienes
y no pueden
pagar por ello
el valor que la
economía formal
les cobra. Una
rueda más
barata, la
reutilización de
la chapa a bajo
precio para la
industria
metalmecánica y
el desguace del
auto explican
mejor sobre como
lo robado es
robado para
luego ser
vendido.
Decimos economía
de mercado
paralela ya que
esta se rige con
el patrón de la
oferta y
demanda, en
ciertas épocas
los más
demandados son
los autos viejos
y en otros
momentos
históricos los
demandados son
los autos de
determinadas
marcas
Para el
funcionamiento
de esta economía
paralela se
requiere de mano
de obra que,
fruto de la
división de
responsabilidades,
ocupe las
diferentes
etapas de la
cadena
comercial.
Quienes roban
son la cara
visible de este
sistema, pero
hacen falta
quienes desarmen
luego el auto
robado, quiénes
se encarguen de
devolverlo al
mercado y claro
esta, quién
cubra y legitime
todo el proceso
productivo
comercial, por
llamarlo de
alguna manera.
Bajar la edad de
imputabilidad,
aumentar las
condenas,
aumentar el
gasto público en
efectivos
policiales,
desplegar
grandes campañas
televisivas,
llevar a cabo
marchas, cambiar
ministros, son
medidas
seguramente
necesarias. Pero
no parecen
efectivas para
cortar el
circuito de este
sistema
económico
paralelo de
oferta y demanda
de bienes de
uso, que un día
requiere de
autos y otros de
televisores.
Dejamos para
profundizar en
otra ocasión los
diferentes
niveles donde se
incuba la mano
de obra
dispuesta a
integrar la
extensa red de
la economía
paralela del
delito que
podemos dividir
en tres niveles;
la escuela que
no puede
contener a los
niños que
demuestran altos
niveles de
violencia con
sus compañeros y
abandonan su
formación a
temprana edad.
En segundo
termino el
entorno de un
joven preso, que
tanto dinero le
cuesta a su
familia, que
tarde o temprano
se ve obligado a
acercar “una
colaboración” a
la madre del
detenido, para
pagar el abogado
o para llevarle
alimentos y por
último con el
detenido que
obtiene su
libertad, una
vez que
encuentra
dificultoso su
reinserción al
mercado laboral
formal es
“invitado” tarde
o temprano a
reincidir en el
delito.
Hay vidas
humanas en juego
y niños con sus
vidas arruinadas
que podemos
modificar, pero
necesitamos
hacer un mejor
diagnostico para
poder combatir
la enfermedad.
Esta en nosotros
animarnos
Jorge Álvarez
Instituto
Abierto para el
Desarrollo y
Estudio de
Políticas
Públicas (iadepp)
www.iadepp.com.ar
Fuente:
Escobar News
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