COLUMNA DE OPINION
La magia, la salud y las personas
por Jorge Alvarez


En esta columna, Jorge Alvarez, Presidente del Instituto Abierto para el Desarrollo y Estudio de Políticas Públicas, aborda la problemática de la salud en la actualidad
desde su particular óptica.
 

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La salud forma parte de una de las incertidumbres que acompañan nuestra vida ya que trae consigo el temor a morirse o vivir más tiempo.

En las sociedades primitivas los seres humanos sabían menos sobre el mundo y sobre la salud de lo que sabemos hoy, sin duda la incertidumbre debía acompañar a las personas que vivían sin saber cuando y porque se enfermaban o cual era el origen de esta.  

Ese temor habrá obligado a recurrir a fuentes de certeza como la magia o los sacerdotes que construían relatos o creencias para disminuir los temores y las dudas que pululaban la vida de las personas. Cuando las predicciones no salían bien, la culpa no era de la creencia sino quienes las expresaban.

En el mundo moderno la ciencia médica tiene el poder que supieron tener en sus manos los magos o los sacerdotes en aquellas sociedades, en ella se deposita la fe necesaria que permite (al margen de cuanto puede ser cierto) acceder a la salud o al menos a dejar de estar enfermo.

¿Que tipo de vínculo se crea hoy entre el conocimiento, la creencia y las personas? La ciencia reconoce que las personas pueden enfermarse y también dice que con la intervención de los profesionales de la salud llamados médicos es posible curarse, además nos recuerda que sin su prescripción médica el paciente puede empeorarse o en algunos casos morirse.

Ahora bien, sabemos que los médicos no siempre coinciden en el diagnostico, en la prescripción del medicamento o bien en un tipo de tratamiento. Cuanto más riesgo haya en la salud del paciente, más tendemos a creer en la ciencia y en el profesional que la representa. ¿Qué nos hace creer que es válida la prescripción médica para el mal que padecemos?  ¿Qué nos lleva a aceptar que tras un medicamento esta la solución a nuestro problema de salud?

De alguna manera confiamos que seguramente científicos expertos, que se han preparado en Universidades donde han estudiado y por ello han obtenido un título que los habilita para llevar a cabo acciones, luego de diversos análisis pueden concluir que la solución al problema de salud que nos aqueja se soluciona con una droga determinada, a la cual llegaremos luego de ser recomendada por un médico y comprada en un local habilitado para la venta de productos de tal fin.

Suponemos y confiamos plenamente en las instituciones que forman parte de este proceso, presuponemos que algunas de estas actúan con animo de lucro y no creemos que eso este mal ya que confiamos que tienen una reputación y antecedentes académicos que aseguran la fiabilidad del producto al margen de la búsqueda de rentabilidad. Sin saberlo bien, depositamos en los comités de ética la responsabilidad de limitar el lucro a la hora de brindar un servicio de salud.

Las personas, de mayor o menor nivel de ingresos, tienden a enfermarse a veces en situaciones cotidianas, a veces en situaciones limites, pero la posibilidad de enfermarse existe para todos y todas las personas sin importar edad, nación o religión. Este hecho sin duda es contemplado por las industrias médicas o farmacéuticas, todas las personas en algún momento de sus vidas van a necesitar un producto que estas industrias pueden ofrecer.

La demanda de salud y el convencimiento de esta como un derecho es cada vez mayor en el mundo pero por otro lado su acceso pleno esta vedado para la mayoría. ¿Puede la salud ser un derecho esencial para la humanidad y a su vez formar parte de una cadena comercial? ¿Cuál es el límite que conoce la ciencia en su predicción? ¿Cómo sabemos que el fin de lucro no se impone por sobre la ciencia? Qué guía al médico a optar por una solución médica por sobre otra. ¿La fe? ¿El conocimiento certero?

Algunas preguntas que no buscan alarmar, pero que deben llamarnos a la reflexión cuando por algún motivo nos enfrentamos a un problema de salud sin importar cual sea su dimensión. No debemos olvidar que la vida es única y padecemos la finitud del tiempo.

Jorge Álvarez

Presidente del Instituto Abierto para el Desarrollo y Estudio de Políticas Públicas (iadepp)

http://alvarezsi.blogspot.com/

Fuente: Escobar News

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