PAGO CHICO RELOAD
EL hombre Bicentenario
24 de mayo de 2010


El Profesor Facundo Oliva, a través de su columna, se adhiere a los festejos por el Bicentenario con su particular mirada.
 

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En el año 1976,  sumándose a los festejos del Bicentenario Norteamericano, los editores de Isaac Asimov le propusieron escribir un cuento cuyo título fuera “El Hombre Bicentenario”. El resultado fue uno de los mejores relatos de la ciencia ficción, la historia de un robot que a lo largo de doscientos años va encontrando de a poco su conciencia y sus ganas de vivir como una persona de pleno derecho,  pasando de cosa semoviente a la persona que se ha ganado por derecho propio el título de “hombre”.

Detrás de toda la genialidad de desprende la obra de Isaac Asimos, este relato en particular debe hacernos pensar en qué hemos conseguido como ser social en este dilatado tiempo en que nos erigimos en Nación.

Una de las primeras cosas que les enseñó a mis alumnos es la diferencia entre ser humano y persona, entre el ente biológico capaz de pensar por sí mismo y generar cambios en su ambiente y el ente jurídico que goza de derechos y obligaciones desde el seno materno. El camino de uno al otro es arduo en sociedades donde las desigualdades en todo sentido separan a los hombres de tal manera que no todos pueden acceder a los mismos beneficios, ni las obligaciones son entendidas para todos por igual.

Pero atengámonos a lo que conocemos más íntimamente. En este Partido el Hombre Bicentenario es una persona que se encuentra descreída de las instituciones que le dan sentido y coherencia a su misma existencia, donde no necesariamente los más capaces son los que gobiernan o legislan, donde los seres humanos que viven en los barrios son comprados y vendidos en paquetes por punteros y referentes que, en el mejor de los casos, consiguen algún beneficio temporal y a corto plazo para sus vecinos. Donde a pocas cuadras de los centros comerciales de Garín, Belén o Matheu las calles se parecen más a pantanos o arenas movedizas y el pequeño asfalto tan mentado, se levanta como una estatua estática que homenajea a algún tsunami, porque la infraestructura falta o está muy mal  hecha.

El bicentenario argentino nos toca localmente con demasiado pocas personas “optimo iure” y una alarmante cantidad de entes semovientes  tratando de vivir el día a día entre la esperanza de la cooperativa, del subsidio o del bolsón, que resignan o prostituyen su estatus social por el pan de cada día.

Ah, si, hay que festejar el bicentenario. Pero sin buena política, planificación y personas idóneas conduciendo un proyecto a largo plazo, bicentenario sólo significa doscientos años. 

Prof. Facundo Oliva

Fuente: Escobar News

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