PAGO CHICO
RELOADED
El asfalto nuevo
del Emperador
Lunes, 10 de
mayo de 2010
Hans
Christian
Andersen,
el escritor
danés de los
inefables
cuentos de
hadas, nos legó,
sin embargo,
algunos de los
más amargos
relatos para
niños. Entre
ellos crudas
postales de su
propia vida,
como La
Fosforerita, el
Patito Feo,
Klaus el Grande
y Klaus el
Pequeño, etc.
Para ubicarse en
el contexto
apropiado no
hace falta ir
hasta la
Inglaterra
Victoriana, o
los prados y
bosques del
norte de Europa,
nos basta
nuestra Patria
pequeña, el
Partido de Pago
Chico.
Una pequeña y
humilde niña a
la intemperie
del frío en una
ciudad, tratando
de vender
infructuosamente
algún producto
improbable. La
inseguridad
diaria que hace
que los chicos
que salen de su
casa no siempre
lleguen a su
destino, o, como
en el caso del
“Ruiseñor”,
funcionarios
inalcanzables e
información
inconseguible,
que no siempre
está a
disposición de
los ciudadanos,
y ni hablar de
los medios de
prensa.
Pero lo que
motiva este
artículo es un
mal que se ha
notado
últimamente y no
es una dolencia
local, sino un
mal nacional.
Cuenta Andersen
que en un país
lejano, un
Emperador
aficionado a los
trajes
ostentosos dio
una vez con dos
pillos que
prometieron
confeccionarle
el más delicado
traje nunca
antes hecho, de
tal manera que
sólo los capaces
o los
inteligentes
pudieran
apreciarlo. De
esa manera
hicieron la
parodia de tejer
durante semanas,
mientra se
robaban la
materia prima y
bordaban el
aire. Cuando
estuvo “hecho”,
nadie se animó a
confesar que no
veía ni traje ni
nada, por no
confesar la
propia
incapacidad o
estupidez. Y
todos
acompañaron la
pantomima, hasta
el punto de
dejar que el
emperador pasee
desnudo por las
calles de la
ciudad. Sólo
luego de que un
niñito en su
ingenuidad
exclamara que el
Emperador andaba
desnudo, todos
pudieron
confesar que no
veían nada.
Aplíquese el
cuento a la
“gestión” y a
los logros
falaces que
algunos pícaros
entretejen con
las noticias
cotidianas,
inventando una
novela
patafísica de la
realidad
nacional y, por
extensión,
local. Porque un
asfalto de un
centímetro no es
asfalto, y la
promesa de
hospitales
cumple años y se
hace adulta, sin
llegar a nacer;
y atienden,
evidentemente, a
pacientes de
entelequia
mientras los
reales siguen
languideciendo
en las humildes
y esmeradas
salitas de
primeros
auxilios.
Porque debemos
acceder a la
realidad
política con
mentalidad de
niño y con
sinceridad
desenmascarar a
los pillos que
nos venden
gestiones
invisibles y
novelones
nacionales y
debemos salvar,
de esta manera,
a la patria de
andar desnuda de
verdadera
gestión de
gobierno.
Facundo OLIVA
Fuente:
Escobar News
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