PAGO CHICO
RELOADED
Cuchillo de
Palo, barniz al
agua
Lunes, 29 de
marzo de 2010
Otra
iba a ser la
columna de esta
ocasión, pero
por razones de
investigación
calculamos que
esa podía
esperar pero
ésta no. Hay
ocasiones en que
para entender el
propio hábitat,
el ecosistema en
el que se está
imbuido, se debe
tomar algo de
distancia y
verlo todo en
perspectiva.
Algo parecido me
ha pasado días
atrás, cuando en
ocasión de
visitar Córdoba
capital, me
encontré con
numerosa
iconografía de
próceres
locales. Como
todo visitante,
admiré los
eufemismos con
que se nombran a
las atracciones
turísticas
locales: las
“Siete
Maravillas” del
centro de la
Capital[1],
la “Cañada” que
divide el centro
en dos[2]
pero lo más
sorprendente es
ver en
monumentos,
oficinas y
publicaciones
periodísticas
importantes (es
decir, LA Voz
del Interior)
numerosas
referencias a
uno de los más
importantes
gobernantes de
la Ciudad,
un hombre al
que, según
dicen, le deben
mucho de lo que
es Córdoba en la
actualidad: el
Marqués de
Sobremonte.
¿Lo recuerdan?
Para los que no,
les debo contar
que fue ese
virrey que
cuando los
ingleses
invadieron
Buenos Aires se
escapó con el
tesoro local…
claro, rumbo a
Córdoba, so
pretexto de
organizar una
defensa. Lo raro
de todo esto es
que es un
personaje
totalmente
antipático para
los que vivimos
en Buenos Aires.
Me sonó extraño
el verlo
convertido en
prócer, y más
aún, saber las
numerosas obras
edilicias y
objetivas
resoluciones
tomadas durante
su gestión en el
gobierno
cordobés.
Ahora, hecha la
introducción,
vamos a la
reflexión.
Durante muchos
años he
trabajado en la
Ciudad de Buenos
Aires, en
diversos rubros,
y la pregunta
que se me ha
hecho por parte
de los que se
enteraban de mi
procedencia
escobarense es
“cómo puede ser
que haya
gobernado
durante más de
diez años el
pattismo, siendo
que a la cabeza
esta ese señor
que bla bla bla
bla, lo que ya
sabemos, en fin.
Una apariencia
de orden y
progreso nunca
es orden ni
progreso, pero
para los
ciudadanos,
muchas veces
alcanza. Una
plaza limpia
regida por un
placero en
uniforme, poca
obra pública que
cambie
estructuralmente
la vida de los
ciudadanos, y,
más
recientemente
(actualmente,
diríamos)
asfalto-
alfombra
descartable que
se desenrolla
hoy y se rompe
mañana sin base
ni cordón pero
que cuenta a la
hora de sumar
kilómetros de
“obras
realizadas”. Es
como ponerle
barniz al agua a
la madera que
sostiene la
estructura de un
barco…
Esto es verdad
(triste verdad)
en Escobar, en
Córdoba Capital
y quién lo duda,
en la Roma
Imperial, donde
se tenía por
héroe a Cómodo,
un genocida
reconocido y
pagado de sí
mismo, pero que
daba una
apariencia de
progreso y
prosperidad en
las obras (de
forma, nunca de
fondo) que hacía
en la Ciudad.
Fuente:
Escobar News
Imprimir
Agregar a Favoritos
Recomendar
Compártelo con tu comunidad

|
|