ESPERANDO AL BICENTENARIO
Etapas de Mayo de 1810 y antinomias
Lunes, 8 de febrero de 2010


En esta nueva entrega, el Director de
Investigaciones Históricas y Archivo Histórico del Municipio de Escobar, Prof. Gustavo Issetta, efectúa un análisis de las dos primeras etapas de la Revolución de Mayo y sus antinomias.
 


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En toda revolución político-social, podemos registrar etapas o fases. En las dos primeras, es decir, en la enciclopédica – dónde se fija el modelo o paradigma- y en la segunda, la toma del poder, existe una cohesión casi total, entre el grupo de pertenencia revolucionaria. No así, en la tercera y cuarta etapa, dónde los aspectos doctrinarios e institucionales respectivamente, comienzan a actuar.

Y nuestra revolución, surgida más por la imposición del momento- circunstancias cambiantes dentro de una compleja trama política y militar-, como diría la prestigiosa historiadora Noemí Goldman, vino también a cumplir esta especie de mecanismo.

¿Cuál fue el escenario dónde se produce uno de los dilemas más profundos y controvertidos de nuestra historia: intemperancia o moderación?:

1.     El funcionamiento efectivo de una autonomía local, pero a su vez afirmando fidelidad y obediencia al rey de España…

2.     Invitación a representantes de Cabildos del interior, para conformar un congreso constituyente, a la vez que los convocaba para integrar la Junta revolucionaria…

Este fue el nudo por el cual surge un Moreno y un Saavedra. Uno inspirado en lecturas de otras revoluciones, como la francesa y un Saavedra, moderado, con una amplia base en las milicias populares. Uno, Moreno, la teorización en base a lecturas europeas, especialmente el contrato social de Rousseau. Un ideólogo. A más el “poder detrás del trono”. El otro, Saavedra, pragmático, conocer del nervio de la población. Un conductor. Estas posturas, existenciales, dibujarían tendencias a lo largo y a lo ancho de la historia.

Podríamos llegar a afirmar, que en estas primeras etapas, la especificidad de la revolución, tuvo que ver con éste dilema. El conocido incidente del pastel con forma de corona, para Saavedra, y que desembocó en el famoso “ni ebrio, ni dormido” de Moreno, con respecto a algunas tentaciones monárquicas, ciertas o no, y a la forma de la población de categorizar a un admirado como Saavedra, dan a entender el fragor de aquellos días. Días de cambio, de choques, de tensiones, de culturas dispares.

Estos dos relatos del primer grito de libertad, debemos contextualizarlo en la época. No se concebía aún –debía comenzar la guerra de la Independencia y llegar hasta 1816-una independencia integral, que incluyera lo que se llamó “independencia económica”. El motivo es claro: no se poseía aún el manejo global de la economía, es más, no había aún una teoría económica fundamentada en las propias fuerzas productivas. Si, solicitando comercio con el exterior. Las acaloradas discusiones de Moreno, apostando al comercio exterior, al liberalismo, no reparaban en los comentarios españoles –tal vez tardíos- del peligro de un comercio desigual, que a la postre, generaría nuevas dependencias con otras metrópolis.

Diríamos un planteo que nos llega hasta el día de hoy, en pleno reflujo posmodernista, y reparos, globalizadores. 


 

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