ESPERANDO
AL BICENTENARIO
Etapas de Mayo de 1810 y
antinomias
Lunes, 8 de
febrero de 2010
En
toda revolución político-social, podemos registrar
etapas o fases. En las dos primeras, es decir, en la
enciclopédica – dónde se fija el modelo o paradigma- y
en la segunda, la toma del poder, existe una cohesión
casi total, entre el grupo de pertenencia
revolucionaria. No así, en la tercera y cuarta etapa,
dónde los aspectos doctrinarios e institucionales
respectivamente, comienzan a actuar.
Y nuestra revolución, surgida más por la
imposición del momento- circunstancias cambiantes dentro
de una compleja trama política y militar-, como diría la
prestigiosa historiadora Noemí Goldman, vino también a
cumplir esta especie de mecanismo.
¿Cuál fue el escenario dónde se produce
uno de los dilemas más profundos y controvertidos de
nuestra historia: intemperancia o moderación?:
1.
El funcionamiento efectivo de una
autonomía local, pero a su vez afirmando fidelidad y
obediencia al rey de España…
2.
Invitación a representantes de Cabildos
del interior, para conformar un congreso constituyente,
a la vez que los convocaba para integrar la Junta
revolucionaria…
Este fue el nudo por el cual surge un
Moreno y un Saavedra. Uno inspirado en lecturas de otras
revoluciones, como la francesa y un Saavedra, moderado,
con una amplia base en las milicias populares. Uno,
Moreno, la teorización en base a lecturas europeas,
especialmente el contrato social de Rousseau. Un
ideólogo. A más el “poder detrás del trono”. El otro,
Saavedra, pragmático, conocer del nervio de la
población. Un conductor. Estas posturas, existenciales,
dibujarían tendencias a lo largo y a lo ancho de la
historia.
Podríamos llegar a afirmar, que en estas
primeras etapas, la especificidad de la revolución, tuvo
que ver con éste dilema. El conocido incidente del
pastel con forma de corona, para Saavedra, y que
desembocó en el famoso “ni ebrio, ni dormido” de Moreno,
con respecto a algunas tentaciones monárquicas, ciertas
o no, y a la forma de la población de categorizar a un
admirado como Saavedra, dan a entender el fragor de
aquellos días. Días de cambio, de choques, de tensiones,
de culturas dispares.
Estos dos relatos del primer grito de
libertad, debemos contextualizarlo en la época. No se
concebía aún –debía comenzar la guerra de la
Independencia y llegar hasta 1816-una independencia
integral, que incluyera lo que se llamó “independencia
económica”. El motivo es claro: no se poseía aún el
manejo global de la economía, es más, no había aún una
teoría económica fundamentada en las propias fuerzas
productivas. Si, solicitando comercio con el exterior.
Las acaloradas discusiones de Moreno, apostando al
comercio exterior, al liberalismo, no reparaban en los
comentarios españoles –tal vez tardíos- del peligro de
un comercio desigual, que a la postre, generaría nuevas
dependencias con otras metrópolis.
Diríamos un planteo que nos llega hasta
el día de hoy, en pleno reflujo posmodernista, y
reparos, globalizadores.
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