06.11.2009
Pago Chico Reloaded
¿Qué es ser un político?

Hace cincuenta años era perfectamente común el comprar revistas de humor político y social, donde un poco en broma y un poco en serio se analizaban la realidad social, política y económica de Argentina. Una de las mejores era Avivato, donde hicieron sus  primeras armas muchos humoristas, que luego se consagraron en la profesión. Veamos cómo se describía en ese medio “al político”, y pensemos si hoy en día aquellos que nos representan reúnen siquiera alguno de esos requisitos. La política pasó de ser un arte a ser una profesión, y de allí a ser una vidriera del espectáculo, y de allí, a lo que es hoy. 

La opinión general que tenía la población acerca de los partidos políticos era la de unas personas ajenas a la realidad del país (a diferencia de Perón, a quien sentían en diálogo permanente con las masas) por lo que la Revolución fue tomada con apatía y cierta amargura por el común de la masa social. Excepto aquellos militantes involucrados de ambos bandos, el hombre común siguió con su vida, tal vez un poco peor económicamente, ya que la política de ajuste comenzó a sentirse en el bolsillo y en la canasta familiar. Es significativo que se diga que para ser político hay que afiliarse a algún partido opositor, porque lo que necesita el oficialismo es votos y “no profesionales que se apoyen al Gobierno con sus- digamos- ideas (…)”. No se llega a político en el imaginario popular sino es a través de un título universitario[1] y un poco de picardía. Le da también la categoría de “Hombre nuevo” escondido detrás de su título, artista y, cuanto menos, fecundo orador. Este sentimiento, expresado en la publicación, se refleja en el poco apoyo popular que recibieron los candidatos a la hora de las elecciones de 1958, salvo aquel que logró un acuerdo con el General en el exilio: Arturo Frondizi.

Queda entendido, que de lo que quedaba del quehacer político a la caída del General Perón se reducía a aquellos que apoyaban al régimen y los “Contreras”, como se llamaba a la masa opositora. Una vez caído el régimen, la Revolución Libertadora permitió la gravitación de los antiguos políticos en ciertas áreas del Estado carentes de peso real, como la ya mencionada Junta Consultiva. La idea era estabilizar el ambiente político dejando al margen a toda la dirigencia peronista. Este era el punto máximo de la llamada “desperonización de la sociedad”. Pero lo cierto era que se fracasó porque la gran masa obrera seguía identificada con el justicialismo, y más, ahora que su líder había alcanzado la apoteosis en el exilio. La llamada “resistencia peronista” nunca permitió una verdadera pacificación de la sociedad desde la partida de Perón, quien a su vez fomentaba dichos desmanes sin dar nunca definitivamente su apoyo a nadie. De esta manera, los sectores populares quedaron marginados de la actividad política, sobretodo comparado con la injerencia que habían conseguido en la década anterior. Y así, el sindicalismo se convirtió en el canal natural de la presión peronista.[2]


 

[1] Esta idea preconcebida es un lugar común en la militancia de base, especialmente en la peronista incluso en nuestros días. Los que desarrollamos alguna actividad política podemos apreciar periódicamente a los “abdicadores profesionales”, punteros políticos más o menos importantes que arrastran un caudal de votos útiles para los políticos pero que nunca  se presentan a los cargos electivos, su recompensa se salda con favores más o menos onerosos a lo largo del mandato de funcionario que ayudaron a “crear”. 

[2] Este texto es un extracto de un trabajo aún no publicado al cual estoy terminando, y trata sobre el Humor Gráfico durante la Revolución Libertadora.

 

Inicio


 

 

ACTUALIDAD

NOTICIAS

POLÍTICA

SERVICIOS

SOCIEDAD

TIEMPO LIBRE

TURISMO

QUIENES SOMOS

COMO ANUNCIAR

MAPA DEL SITIO

Copyright © 2008 Media Point  Comunicaciones - Reservados todos los derechos - Contacto: (011) 15-5303-3915 Nextel ID 671*2586 - info@escobarnews.com