23.10.2009
Pago Chico Reloaded:
Los últimos días de la Delegación
Epílogo
o precuela. Como tantas cosas en la vida. Los festejos
del cincuentenario estuvieron tan lucidos como los
preparativos del bicentenario a nivel nacional, lo que
una vez más confirma que el municipium es una célula que
contiene todo el ADN de la nacionalidad…
Decía epílogo o precuela porque hoy trataremos de los
últimos días de
la Delegación Escobar,
antes que los aires emancipadores nos convirtieran en un
Partido, parte Tigre y parte Pilar.
Durante los años de la primera y segunda presidencia del
General Perón, los municipios, especialmente del Gran
Buenos Aires, gozaron del auge del crecimiento
industrial y del afluente inmigratorio de las provincias
y países limítrofes. Si bien el fuerte del asentamiento
de fábricas e industrias se viviría en la zona sur
(Avellaneda, Lanus, etc) no es menos cierto que la Zona
Norte en general y Escobar (es decir, el partido de
Pilar) en particular, ya se había consolidado como un
centro importante de logística y distribución de las
mercaderías desde el norte del país hacia el Puerto de
Buenos Aires.
Si, como dijimos en encuentros anteriores, el ansia de
independencia de los habitantes del partido se remonta a
varias décadas antes de lo que efectivamente sucedió,
¿Por qué no se pudo hacer efectivo, siendo por aquel
entonces Escobar una urbe mayor que Pilar?
Las razones son varias, pero principalmente es la
económica la que predomina, ya que Pilar teniendo a
Escobar en su partido disponía de una salida a las dos
vertientes de la ruta que terminó siendo
la Panamericana
(recordemos que pilar no cuenta con un curso de agua
importante como el Paraná, ni grandes asentamientos
industriales).
Por supuesto las razones políticas no son menos
influyentes, y el caudal de votos que significa una urbe
altamente poblada para la época y sometida a un poder
central lejano no es para ser menospreciada.
El caso es que con la llegada de la Revolución
Libertadora y posteriormente el llamado a elecciones, la
causa de la emancipación municipal se tomó como bandera
y signo del despertar de los ciudadanos frente a la
década de la “tiranía y la opresión” local.
Pero la política y la historia la hacen los hombres y de
eso se trata esta columna, por eso es justo reivindicar
a uno de los más apasionados militantes que tuvo la
política de ese entonces, sin importar colores ni
banderías: el “Gordo” Tellis, el querido Tito. Animal
político si los hay, representó y fue parte del proceso
peronista desde joven, e incluso llegó a ocupar el cargo
de Delegado Municipal.
Apasionado como pocos y amante del palacio municipal
(delegación por ese entonces) entregó su vida hasta tal
punto que perdió fortuna y amores ayudando con
honestidad y diligencia a todos los ciudadanos que se le
acercaban con alguna inquietud.
Citando a los ciudadanos que me contaron esta historia,
en el partido en la época electoral del ´58 se planteó
una dicotomía que en el imaginario popular se planteó
como que los “peronistas” (que se presentaban con otro
nombre, obviamente) pretendían “seguir siendo de Pilar”
(SIC), mientras que los “otros” buscaban la
independencia. Por lo que me dijeron los familiares de
“Tito” Tellis, en realidad todos luchaban por lo mismo.
Cómo terminó esta aventura, ya lo sabemos, pues lo
analizamos el encuentro pasado (burrito incluido). El
verdadero desenlace, es el que le deseo a todos los
políticos actuales, a todos los que aman la pasión de
ayudar a la gente. Tito, como todos los que pertenecían
a una administración anterior, fue dado de baja del
recién creado municipio. Se enfermó de tristeza y,
según me contaron, se pasó sus últimos días en la
esquina de Tapia de Cruz y Asborno, mirando al municipio
y suspirando…
Facundo OLIVA
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