We Tripantu
La ceremonia del año nuevo ranquel
Alicia
Susana Baigorria comparte con Escobar News la crónica de
su experiencia del año nuevo ranquel
Era un domingo más
El día transcurría apacible y familiar.
Las primeras horas de la noche, después del servicio
religioso, nos encontró ocupados con la cena y la
ultima lectura del diario del domingo.
Al terminar de cenar, alguien encendió la televisión.
Yo, desde la cocina, advierto, que si bien era domingo,
este domingo es especial. Es fin de mes.
Eran las 22.00 hrs. estaba a tiempo para realizar mis
dos llamadas a las tías lejanas.
La primera llamada fue a La Carlota, en la provincia de
Córdoba.
En el verano anterior, la tía Luisa Ligorre, que había
ido a la presentación de un libro de Daila Prado, “ La
Cicatriz “, había logrado que la escritora me lo
dedicara; en este libro se narra la historia de Manuel
Baigorria en sus andanzas en los toldos de los
ranqueles.
La segunda llamada fue a Justo Daract, en la provincia
de San Luis.
La conversación con la tía a la que llamamos Porota,
pero cuyo nombre es Marcelina produjo en mí un efecto
tal, que cambió de un modo sorpresivo, el rumbo de mi
vida.
Soy una señora de mediana edad, casada, con dos hijos
mayores, y seis nietos.
Quiero que mi tiempo transcurra, leyendo, escuchando
música, escribiendo mis poemas, y dando lugar de vez en
cuando a mis cuadros, cuando las imágenes interiores me
sofocan.
Mis últimos viajes a La Carlota, eran un intento de
rescatar del pasado datos familiares.
Quería saber a qué se debían ciertos ademanes, ciertos
gestos, aquellos gustos por las manualidades, estos
anhelos insatisfechos de no conocer a las abuelas, tanto
la materna como la paterna.
Quería saber porqué tejo, porque me gusta el bordado,
amasar la harina sobando el bollo tierno con las manos,
cuando mi mamá aborrecía alguna de estas tareas.
Ahora, tía Porota, develaba de pronto las
incertidumbres. Su información estaba llena de
realidades comprobables. No había lugar a dudas. No hay
lugar a dudas.
Laila Prado en su libro “La Cicatriz “ narra esa
información de esta manera.
“Nació otro hijo del cacique Pichùn y de la cristiana
Rita Castro, cautivada en San José del Morro, San Luis.
Manuel Baigorria lo apadrinó, y su influencia fuè tan
fuerte que al niño lo llamarían Manuel Baigorria y, para
diferenciarlo de su tocayo, le darían Baigorria Chico o
Baigorrita. En realidad, el nombre indio del niño era
Maricó, que significa Diez Aguadas.”
Ese niño, fue mi bisabuelo. Uno de sus veintidós hijos,
Cristóbal Baigorria, fue mi abuelo paterno que falleció
cuando yo tenía quince años. Ser al que conocí muy bien,
a pesar de la distancia de vivir en Buenos Aires. Tomás
Baigorria, uno de sus hijos mayores, fue mi padre.
Mi nombre es Alicia Susana Baigorria, y, junto a mi
hermana Silvia Josefina Baigorria, hemos descubierto que
pertenecemos a la Nación Ranquel.
Rápidamente, iniciamos juntas un viaje hacia el sur de
la provincia de San Luis, para presenciar la ceremonia
del WE TRIPANTU, celebración del nuevo año que se
realiza en el solsticio de invierno boreal ( el día más
corto del año en el hemisferio sur ) entre el 21 y el 24
de junio.
La celebración comienza el día 23 después de la puesta
del sol, cuando se enciende un fuego llamado EL ABUELO,
que debe permanecer encendido hasta el amanecer del Día
24. Todos dirigimos nuestras miradas hacia la puesta del
sol.
Siguieron unas emotivas y bien reflexionadas palabras
del lonko del lugar, José Barreyro. Se continuó con una
marcha alrededor del fuego, repetidas cuatro veces, en
contra de las manecillas del reloj.
Se hicieron sopaipillas, conocidas como tortas fritas,
acompañadas con mate, en el mismo lugar de la ceremonia.
Luego se hizo, dentro de la ronda general, un asado bien
criollo, regado por vino tinto y las tan actuales
gaseosas.
En esta ceremonia, hemos sido admitidas como ranqueles,
mi hermana Silvia y yo.
Se nos hablo de no actuar cerebralmente, sino siguiendo
los impulsos mas profundos de nuestro ser, de aportar a
la comunidad nuestros dones, para compartir también con
las generaciones màs jóvenes. En voz alta expresamos
nuestros deseos de ser admitidas como ranqueles y los
presentes, familiares directos nuestros , todos
pertenecientes al aduar Manuel Baigorria, estuvieron de
acuerdo. Había presentes abuelos, padres, hijos, nietos,
la de menor edad, de seis meses. Son en total diez
familias.
Nos entregaron un poncho y una vincha, y luego recibimos
el abrazo de cada uno de los presentes, que rodeaban el
fuego. Se finalizó esta ceremonia con palabras sentidas
del lonko quién animó a los presentes a hacer
comentarios en voz alta. Mi hermana Silvia recordó a mi
abuelo Cristóbal Baigorria y a mi padre Tomás, ambos ya
fallecidos hace tiempo, trayéndolos a la memoria de los
presentes, haciendo validar nuestra presencia en ese
lugar, ya que nuestro nacimiento fue en Buenos Aires.
Silvia reside en Monte Cristo, provincia de Córdoba.
Yo, en Escobar, provincia de Buenos Aires.
Otros presentes expresaron su voluntad de viva voz de
ser iniciados o bautizados como pertenecientes a la
comunidad sin ser ranqueles de sangre.
A la mañana siguiente se finalizó la ceremonia con el
pueblo reunido junto al fuego, siendo todavía de noche.
A las primeras luces del nuevo día, se marchó cuatro
veces ahora en el sentido de las agujas del reloj, y se
dio el grito de alegría de los ranqueles que se expresa
con los brazos levantados…UE UE UE UÈ! Repetidos tres
veces.
Expresé mi sentir como sigue….
UN NUEVO RANQUEL
Acá estoy.
Viene la raza
Llamando
Desde lo antiguo.
Golpea en la sangre.
Brota en cada gesto
Cotidiano.
Miasmas profundas
Emergen
Borbotean desde el Génesis.
Sustentables aguas.
Orgánicos humedales.
Vida.
Viene la raza
Llamando …
Acá estoy!
Escrito en colaboración con Silvia J. Baigorria.
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