La presidenta defendió su gestión renovando sus críticas
Escoltada
por los granaderos a caballo, la presidenta Cristina
Fernández de Kirchner llegó con una particular y casi
desconocida puntualidad para abrir el 127° período de
sesiones ordinarias del Congreso.
Tras un frío saludo al
vicepresidente Julio Cobos quien la esperaba en el Salón
Azul junto al presidente provisional del Senado, José
Pampuro y el titular de Diputados, Eduardo Fellner
ingresó al recinto y cumplió con lo establecido
constitucionalmente: presidir la apertura de las
sesiones ordinarias y dar cuenta de su gestión.
Su discurso, que duró
algo más de una hora, no incluyó los anuncios esperados
(según los rumores que corrieron por los pasillos de la
Casa Rosada en esta última semana) tampoco hizo
referencia a la supuesta estatización del comercio de
granos, pero sin embargo anticipó que el gobierno se
hará de herramientas para intervenir en la economía con
el fin de preservar el trabajo y generar una mayor
actividad en la economía.
El campo no escapó del
discurso de la mandataria y consideró que si la
resolución 125 estuviera en vigencia, la situación para
el campo sería mucho más beneficiosa en cuanto a las
alícuotas en concepto de retenciones.
Otro tanto ocurrió con
la oposición a la que le pidió que contribuyan sin
agravios, descalificaciones o incitando a la violencia.
Destacó en sus palabras
la iniciativa de enviar al congreso este año una nueva
ley de radiodifusión la que contemplará mecanismos para
evitar la concentración de medios de prensa en grandes
grupos. “Es una vieja deuda de la democracia” sostuvo la
presidenta.
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