EN VISPERAS DE
PASCUAS
Se celebró la
Jornada del Niño
por nacer
Lunes, 29 de
marzo de 2010
La
misa de vísperas
del Domingo de
Ramos, en Belén
de Escobar,
presidida por el
obispo Mons.
Oscar Sarlinga,
fue la ocasión
de celebrar
dicha Jornada,
que tuvo gran
concurrencia de
familias
jóvenes, mucha
juventud (que se
reunió luego en
las
instalaciones
pastorales de la
co-catedral) y
representación
de distintas
comunidades de
la diócesis y de
orden civil. Por
el municipio se
hallaba presente
el primer
concejar, Sr.
Sergiani, y
representando a
distintos
sectores de la
sociedad civil,
el cuerpo de
bomberos de
Escobar,
la Fundación
Raoul
Wallenberg (a
través de
la Sra. Ingeborg
Schön y
la Sra. Graciela
Castelnovo), la
colectividad
italiana y otras
colectividades,
así como grupos
de oración de
los cenáculos de
Nuestra Señora
del Cielo.
Concelebraron
con el Obispo el
vicario general,
Mons. Edgardo
Galuppo, Mons.
Marcelo
Monteagudo,
delegado para
las Misiones, el
cura párroco,
Pbro. Daniel
Bevilacqua, y
los presbíteros
Sponda (de la
Compañía
de Jesús),
Nicolás Guidi y
Mauricio Aracena,
estos dos
últimos
colaboradores de
fin de semana de
la iglesia co-catedral.
HOMILÍA DE MONS.
OSCAR SARLINGA
EN LAS VÍSPERAS
DEL DOMINGO DE
RAMOS Y
CELEBRACIÓN DE
LA JORNADA DEL
NIÑO POR NACER
BELÉN DE
ESCOBAR, en la
iglesia co-catedral
de
la Natividad
del Señor, 27 de
marzo de 2010
En la
celebración de
las Vísperas del
Domingo de
Ramos, miramos
con ojos
nuevamente
admirados el
misterio de
la Encarnación
del Señor, que
se manifiesta en
esta celebración
en su aclamación
como el Bendito
del Señor, el
Hijo de David,
el Rey Mesías.
Al mismo tiempo,
recordamos hoy,
en esta iglesia
co-catedral de
la Natividad,
la festividad
que dos días
atrás hemos
celebrado,
la Anunciación a
María Santísima
por parte del
arcángel, que
nos manifiesta
el "gesto
divino" de la
pura gracia y la
respuesta
generosa,
purísima, de la
Virgen:
el "Sí" que nos
dio la
redención,
haciendo posible
para nuestra
humanidad el
inefable
misterio de
la Encarnación,
por obra del
Espíritu Santo.
En
la Anunciación
celebramos el
día en que el
Hijo de Dios,
gracias a la
acción del
Omnipotente
Espíritu, se
hizo verdadero
Hombre, y, como
tal, ha sido
embrión humano,
recién nacido,
niño,
adolescente,
joven y adulto.
En diversas
naciones, por
disposición de
las Conferencias
Episcopales, y
en nuestro país
también por ley,
se celebra la
“Jornada del
Niño por nacer".
Nosotros lo
hacemos hoy,
como diócesis de
Zárate-Campana,
con plena
conciencia de
nuestro derecho
y deber de
proteger,
respetar,
promover,
defender, la
dignidad de vida
humana en todas
sus fases, desde
la fase del niño
por nacer hasta
la del anciano y
el muriente. La
plena dignidad
de la vida
humana
resplandece en
la muerte y
resurrección del
Señor Jesús -que
en
la Semana Santa
que hoy
iniciamos se
manifiestan con
toda claridad-
pues Él, el Hijo
del Altísimo,
es “médico de
nuestras almas y
de nuestros
cuerpos, que ha
querido que su
Iglesia
continuase, en
la fuerza del
Espíritu Santo,
su obra de
curación y de
salvación”1.
´Sean pues
bienvenidas
todas las
iniciativas por
la vida humana,
frente a la
tentación,
siempre
recrudesciente,
del egoísmo
individualístico
o de las
amenazas a la
vida desde la
concepción. También
la causa contra
la miseria,
material y del
espíritu, y un
empeño renovado
por el bien
común, ayudarán
en esta misión.
Esta Jornada
servirá también
para un renovado
examen de
conciencia
acerca de
nuestra palabra
y de nuestra
acción al
respecto, en los
desafíos humanos
y pastorales que
nos presenta el
inicio del
Tercer Milenio.
Recuerdo que a
ello nos llamó
S.S. Juan Pablo
II en su primera
encíclica (sobre
el Redentor):
“Es acerca del
primordial
derecho a la
vida que, en el
alba de este
tercer milenio,
la entera
sociedad
encuentra el
deber de
realizar el
examen de
consciencia, no
para cargar
fardos sobre los
hombros de
otros, ni para
provocar
agravios de pena
a quien ha sido
ya probado, sino
por el deber que
tiene, en bien
de sí misma, de
mirar hacia
adelante en
dirección al
futuro. Entre
los signos de
"caducidad" de
nuestro tiempo,
el cual ha
progresado, pero
que se halla
necesitado de
redención, cito
la «deficiens
reverentia erga
vitam nondum
natorum» (falta
de respeto hacia
la vida de los
todavía no
nacidos)"2.
Porque,
hermanos y
hermanas, la
tutela de la
vida humana
tiene que ver, y
esencialmente,
con el bien
común, como lo
afirma, por lo
demás,
el Catecismo de
la Iglesia
católica. “La
vida y la salud
física son
bienes preciosos
donados por
Dios. Debemos
tomarlos en
nuestro cuidado,
teniendo en
cuenta las
necesidades de
los demás y del
bien común”3.
Asimismo, como
lo enseña el
Concilio
Vaticano II, la
vida, "una vez
concebida, debe
ser protegida
con el máximo
cuidado. La
índole sexual
del ser humano y
la facultad
humana de
engendrar son
maravillosamente
superioresa a
cuanto acontece
en los estadios
inferiores de la
vida, por ello
también los
actos mismos,
propios de la
vida conyugal,
ordenados según
la
verdadera dignidad
humana, deben
ser respetados
con gran
estima”4. Esto
proviene de la
concepción
antropológica,
que se trasunta
en la
constitución
Gaudium et spes,
a saber, que «es
la persona
humana la que
hay que salvar,
y es la sociedad
humana la que
hay que
renovar... el
hombre concreto
y total, con
cuerpo y alma,
con corazón y
conciencia, con
inteligencia y
voluntad»5. Por
este motivo, con
sentido
constructivo,
con paz, con
diálogo y con
convicción,
la sociedad
civil y las
instituciones
hemos de dedicar
especiales
iniciativas para
celebrar la vida
humana, así como
trabajar intensa
y dedicadamente
por su tutela.
Más aún, este
cuidado de la
vida del niño
por nacer, y, a
continuación,
del niño en sus
años de
iinfancia y de
su
juventud, marca
la pauta de
calidad
relacional en la
sociedad humana7.
Mucho también
tenemos que
hacer, todos,
examen de
conciencia
acerca de
nuestra
contribución a
esa calidad
relacional.
Por último,
quería dejarles
un pensamiento
del Obispo y
Doctor de la
Iglesia,
San Agustín,
acerca de su
meditación de la
expresión
evangélica de
Mateo 1,20 (quod
in ea natum est,
de Spiritu
Sancto est; lo
que na nacido en
Ella proviene
del Espíritu
Santo). Él nos
enseña como, en
sentido
espiritual,
pueden verse
allí "dos
nacimientos" del
ser humano:
primero se nace
"en" las
entrañas
maternas (con la
concepción) y
luego "de" las
entrañas
maternas (con el
nacimiento
propiamente
hablando). El
uso que hace San
Agustín del
verbo "nasci"
(nacer) en el
lugar de "concipi"
(concebir) es
muy indicativo
de la altísima
consideración
que le da a la
vida humana pre-natal:
el ser humano
concebido es,
"en el sentido
en que lo hemos
expresado", "ya
nacido".
Escuchémoslo de
sus propias
palabras: "…por
una especie de
sacramento has
nacido en las
entrañas
maternas. El ser
humano, en
efecto, no sólo
nace de las
entrañas sino
también en las
entrañas.
Primero se nace
en las entrañas,
para que se
pueda nacer de
las entrañas.
Por esto fue
dicho también de
María: «lo que
ha nacido en
ella viene del
Espíritu Santo»
(...). No era
todavía nacido
de ella, pero
era nacido en
ella"8.
La Pasión de
Jesucristo, que
ha quedado como
impresa hoy en
nuestros
corazones
mediante la
meditación de la
Palabra
divina, trace en
nosotros sendas
de esperanza que
nos hagan
testigos
vivientes del
Poder de
la Resurrección.
1 CEC, 1421.
2 JUAN PABLO II,
Enc. Redemptor
hominis (4 marzo
1979), n.8 =
EncVat 6/1190
3 CEC, 2288.
4 CONC. ECUM.
VAT. II, Const.
past. Gaudium et
spes, 51.
CONCILIO
VATICANO II,
Costituzione
pastorale sulla
Chiesa nel mondo
contemporaneo
Gaudium et spes
(7 dicembre
1965), nn.27. 51
= EncVat
1/1403-5.
1481ss:
5 Ibid. n. 3.
6 Cf JUAN PABLO
II, Allocuzione
all’assemblea
generale delle
Nazioni Unite,
(2 de octubre
1979), n.21 =
AAS 71(1979)
1159 = EncVat
6/1758
7 SAN AGUSTÍN,
Enarrationes in
Psalmos 57,5
(del 415 circa)
= PL 36,678 =
CCL 39,713
Fuente:
Escobar News
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