Padre Opeka: “Vivir con los pobres y llorando con ellos, es la mejor vida que viví”

El colegio San Vicente de Paúl de Belén de Escobar recibió ayer a uno de sus mejores alumnos. Pedro Opeka, “el albañil de Dios”, quien desde hace casi 50 años lleva adelante una obra humanitaria en Madagascar, donde ayudó a rescatar de la pobreza a decenas de miles de personas.

Ante un marco inmejorable, este cura de un singular humor, un especial carisma, y con una inmensa humildad, advirtió al comienzo de su conferencia: “Ustedes esperan frases de oro, no habrá frases de oro, habrá frases simples, porque mi vida se basa en una vida que descubrí leyendo a los 14 años los evangelios que se llama Jesús, el amigo de los pobres. Un hombre, que a pesar de ser el hijo de Dios tuvo mucha humildad, y jamás tuvo miedo en decir la verdad”.

Así comenzó el mensaje de este hombre de Dios que cuando era chico soñaba con ser jugador profesional de futbol, pero a los 17 años ya misionaba en San Martín de los Andes ayudando a los mapuches.

El oficio que le había enseñado su padre como albañil, años más lo volcó en su misión, construyendo casas para los más postergados.

Opeka, que por momentos despertó sonrisas y en otros llamó a la reflexión, contó cómo fueron sus principios como novicio, donde tuvo como profesor nada menos que a Jorge Bergolio, el Papa Francisco, y lo desgarrador que fue para él subirse a un barco para responder el llamado de su vocación que lo llevó hasta la isla de Madagascar, donde hace casi 50 años viene ayudando a los pobres a salir de la miseria, humanizándolos y devolviéndoles la dignidad.

“No fui al Africa porque los pobres allá fueran más simpáticos o más exóticos ¡no! me fui por un ideal, por el Evangelio. No fue una especie de aventura, me fui sabiendo que hacía lo correcto: bendecir y unir a la gente en nombre de Dios” enfatizó en uno de los tantos valiosos mensajes que dejó en la iglesia de la Medalla Milagrosa.

El padre Opeka reconoció que el futbol, ese deporte que tanto amaba, fue la llave que le permitió ser aceptado en una comunidad donde los hombres blancos eran rechazados y que supo ganarse su confianza trabajando de sol a sol junto a los más pobres en un basural, donde hoy se levanta uno de los barrios más lindos de Madagascar.

Cuando llegó a esas tierras, se le acercaban a pedir limosnas, y después de décadas, le piden trabajo, ese fue el cambio cultural que logró con un empecinado trabajo para que esa gente se reencontrara con su dignidad y responsabilidad.

Pero admitió que muchas veces sintió caer sus brazos, pero al ver como los niños se peleaban por la comida con los animales en los basureros, se levantaba una y otra vez para ayudarlos.

Así nació el movimiento solidario Akamasoa que significa en malgache “los parias amigos”, un oasis de esperanza, como lo definió Opeka, una obra que hoy recibe ayuda de Naciones Unidas y Banco Mundial, entre otros.

“¿Qué hice de extraordinario? Nada, solo asumí una responsabilidad de ser humano, de ser hombre, porque había que humanizar ese lugar que era un infierno, donde la gente se odiaba porque había perdido la dignidad humana. Eso jóvenes basureros me devolvieron las ganas de luchar y de creer” manifestó en tono reflexivo a la vez de sentenciar que “Vivir con los pobres y llorando con ellos es la mejor vida que viví”.

Luego de hablar por más de una hora ante una iglesia colmada de gente cerró su conferencia instando a los presentes a volver a ser comunidad, a volver ser hermanos y volver a las iglesias. También arengó a vivir dejando de lado las apariencias y ser auténticos.

Pero también se dirigió los sacerdotes para decirles cara a cara que “Nosotros los sacerdotes debemos ser más humildes y más cercanos como nos quiere el Papa Francisco”.
Cabe destacar que Opeka fue propuesto en distintas oportunidades por Eslovenia, el Principado de Mónaco y Francia como candidato al Premio Nobel de la Paz, y por su obra es conocido popularmente como “la Madre Teresa con pantalones”.

Un día antes de su visita a Escobar, el Concejo Deliberante lo declaró “ciudadano ilustre” a través de una resolución que, en sus considerandos, hace un extenso reconocimiento de la vida ejemplar de este verdadero hombre de Dios.